Uno de los principales desafíos que nos encontramos en la educación del siglo 21 es proporcionar a todos los estudiantes una educación de calidad, y ello en una sociedad como la nuestra plural y multicultural pasa inexorablemente por hacer efectivo el derecho a la educación, la igualdad de oportunidades y  la participación.

 

El término que actualmente describe las características que debería tener este modelo de educación es el de la educación inclusiva. Una educación donde nadie sea excluido y todos tengan un lugar que ocupar. Por ello pretendemos con este artículo ofrecer una posición clara de la educación inclusiva y los cambios más importantes entre otros que conllevaría a su aplicación en nuestro contexto educativo.

A lo largo de la historia nuestra civilización ha negado la diversidad, la ha condenado o la ha reducido. Reconocer la igualdad entre las personas implica una determinada concepción del mundo de los seres humanos y de los valores que han de usarse como referente a la hora de convivir.
 
En nuestro país, a finales del siglo pasado, se han abierto nuevos caminos para trazar rutas alternativas y mucho más con la implementación de la nueva Ley Educativa Avelino Siñani  -Elizardo Pérez. Atrás quedo ya la pedagogía de la exclusión, basada fundamentalmente en la idea de que estudiar era un privilegio y que los estudiantes mal educados o con problemas en su aprendizaje debían dejar las escasas plazas escolares a otros mejor preparados o con mejores elementos de percepción para el aprendizaje.
 
Hemos pasado de tasas de analfabetismo muy preocupantes a datos de alta relevancia como que  en el año 2008 Bolivia fue declarada libre de analfabetismo con una tasa de 3,77%. Los datos del censo de 2012 lanzan que menos de 5 mil adolescentes son analfabetos en nuestro país. Estos hechos suponen cambios importantes en la manera de entender y concebir la educación.
 
Con nuestra nueva ley educativa estamos asistiendo al crecimiento de la idea de conseguir una educación abierta para todos. Muchas son sus denominaciones: educación inclusiva, educación integradora, educación en la diversidad, educación para todos, etc.
 
Todos los anteriores términos mantienen una idea común. Responder a las necesidades de todos los estudiantes con independencia de su naturaleza o grado de necesidad que presenten. Una educación sin exclusiones en la que conviva y aprendan estudiantes de distintas condiciones sociales, de diferentes culturas y distintas capacidades e intereses. Desde los más capaces hasta los que tienen alguna discapacidad. 
 
Ser indígena originario o no, Síndrome de Down, padecer una enfermedad, ser paralítico cerebral o ser sencillamente niño o niña no es un defecto es un valor. Una escuela que se construya sobre la base de que todas las personas que acuden a ellas son diferentes. 
 
Frente a la homogeneidad escolar neoliberal, creada por la exclusión, se impone la heterogeneidad del vivir bien, donde todos los problemas sociales y psicológicos están presentes en el aula. Educar en este contexto implica un cambio profundo y esencial que lleve a toda la comunidad educativa a reconsiderar el proceso de enseñanza aprendizaje en el marco de principios como la participación, las expectativas positivas, enseñanza y aprendizaje interactivo y el apoyo a los docentes.
 
El aprendizaje escolar inclusivo no puede quedar sólo en manos de los docentes, sino que deben participar todos los agentes educativos posibles: profesorado, familia, juntas escolares y autoridades educativas locales y nacionales. 
 
En un aula inclusiva se acepta incondicionalmente a todos sus estudiantes, tal y como son, y se espera que den de sí lo máximo posible. Es necesario y recomendable que se trabaje en el desarrollo de todos los estudiantes a partir de sus fortalezas en lugar de buscar y remediar sus debilidades. 
 
El docente de aula educación regular que trata de satisfacer las necesidades de una clase por si sólo está siendo reemplazado por otras características de enseñanza, aquella en la que los estudiantes trabajan juntos, se enseñan mutuamente y autoevalúan su propia educación y la de sus compañeros.
 
No hay que dejar de lado la idea de que una de las señas que definen la inclusión es la enseñanza en equipo. La inclusión implica proporcionar un apoyo continuo a los docentes en sus aulas y romper las barreras de aislamiento profesional. A modo de ejemplo, se puede recurrir a un especialista del lenguaje especial (lengua de señas o lenguaje Braille)  para que se convierta en un colaborador, capaz de hacer sugerencias no sólo sobre cómo enseñar lenguajes especiales a los niños con necesidades especiales sino cómo incorporar actividades de enriquecimiento del lenguaje en todos los aspectos educativos.
 
Para lo anterior, la organización es muy necesaria dentro de un escenario que acogería las actividades educativo - inclusivas y en el que se desarrollaría la convivencia. Es también el requisito que hace viable llevar a la práctica los postulados que pretenden conjugar el respeto a la igualdad y la necesaria atención a la diversidad. 
 
Durante  muchos años y todavía hoy, la organización predominante en nuestras escuelas es aquella que facilita un proceder homogéneo. Los estudiantes son distribuidos en grupos de edad, como si todos los que tienen la misma edad tuvieran las mismas capacidades y destrezas. Se pone en marcha una metodología idéntica para todo el grupo. Se hacen horarios de clase iguales para todos, asumiendo que todos los estudiantes deben acabar las tareas a la misma vez. Se supone que un año escolar debe tener la misma duración para todos los aprendices.
 
Los docentes utilizan libretas parecidas para calificar a todos los estudiantes de la misma edad y curso, sin tener en cuenta cuál ha sido su punto de partida al comienzo del año. Incluso la legislación es la misma y ha de ser cumplida en el mismo tiempo y de la misma forma para todos los centros.
 
Frente a ese proceder homogéneo se hace necesario plantear un enfoque diferente de la práctica educativa. De hecho una organización permisible con la diversidad debe ser flexible en los agrupamientos de los estudiantes. 
 
Una estructura homogeneizadora de la escuela estimula negativamente al etiquetado: estudiantes listos, medio inteligentes, nada inteligentes. Frente a esta homogeneización va en contra la heterogeneización de las aulas, y por supuesto, constituye una alternativa. Por ejemplo: aulas compuestas por niños de diferentes edades y diferentes habilidades. 
 
La educación inclusiva exige espacios agradables y tranquilos, ya que el estudiante ha de permanecer en su interior una gran parte del día y de su vida. No olvidemos que el nuevo enfoque educativo aconseja trabajar en espacios extra escolares. Los estudiantes deben entender que el aprendizaje no se da sólo dentro de las cuatro paredes del aula. La familia y la comunidad son también espacios educativos muy interesantes.  
 
También es muy necesaria la flexibilidad en el manejo de tiempos en el proceso inclusivo de enseñanza – aprendizaje. El criterio de flexibilización ha de permitir organizar variaciones en los horarios y en su distribución teniendo en cuenta criterios solidarios e comprensivos. La utilización eficaz del tiempo tiene que permitir al docente disponer de más tiempo para favorecer la atención individualizada de sus estudiantes aumentando la autonomía y la responsabilidad del grupo. 
 
La inclusión necesita un trabajo a nivel de currículo y de las prácticas de enseñanza para ser posible que responda y se adapte a todos los estudiantes. El principal objetivo de una escuela inclusiva, de una escuela para todos, no sólo debe ser el acercar los contenidos a todos los estudiantes sino poner el énfasis en la selección de esos contenidos. 
 
Caben dos interrogantes: ¿Qué deben enseñar las escuelas inclusivas? ¿Qué deben aprender nuestros estudiantes en las escuelas inclusivas? Lo que queda claro es que con tanta información por aprender y mucho más con la aparición de las Nuevas Tecnologías, es irremediable enseñar a los estudiantes a aprender a aprender. Es decir aprender a ser aprendices e investigadores durante toda la vida.
 
El último consejo, sabiendo que hay mucho por decir y aconsejar sobre educación inclusiva, es que todo el plantel docente y el administrativo de una unidad educativa juegan un papel fundamental en el desarrollo de la educación inclusiva. Es necesario que la comunidad educativa comparta la filosofía de que todo alumno es capaz de aprender y que debemos facilitar el rendimiento educativo de cada uno y su adaptación personal y social.

 

Con nuestra nueva ley educativa estamos asistiendo al crecimiento de la idea de conseguir una educación abierta para todos. Muchas son sus denominaciones: educación inclusiva, educación integradora, educación en la diversidad, educación para todos, etc.


La inclusión implica proporcionar un apoyo continuo a los docentes en sus aulas y romper las barreras de aislamiento profesional. A modo de ejemplo, se puede recurrir a un especialista del lenguaje especial (lengua de señas o lenguaje Braille) para que se convierta en un colaborador.


Frente a ese proceder homogéneo se hace necesario plantear un enfoque diferente de la práctica educativa. De hecho una organización permisible con la diversidad debe ser flexible en los agrupamientos de los estudiantes.

 


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