Luis Espinal, sin haber nacido en nuestro país, fue y será ejemplo de muchos nacidos en estas tierras. Ejemplo para esos bolivianos que no tienen conciencia social o conciencia nacional.

 

Luis Espinal, sin haber nacido en nuestro país, fue y será ejemplo de muchos nacidos en estas tierras. Ejemplo para esos bolivianos que no tienen conciencia social o conciencia nacional.

Desafiando a la censura de las dictaduras del siglo pasado, Espinal expresaría ideas en los medios profesionales en que trabajó durante la década de los setenta: en el matutino Presencia (en el que fue crítico cinematográfico entre 1969 y 1979), en Radio Fides (desde 1971) y en el Semanario “Aquí”, que dirigió desde 1979. Al mismo tiempo publicó diferentes libros y ensayos sobre el cine y participó en los guiones de las películas “El embrujo de mi tierra” y “Chuquiago”.

En 1976 participó como cofundador de la Asamblea de Derechos humanos, y en 1977 participó en un ayuno político que por poco le cuesta la vida, pero que contribuyó a que, después de casi siete años de dictadura, se pudiera estructurar una oposición política que acabaría forzando la renuncia de Hugo Banzer. En esa huelga de hambre de casi tres semanas vivió día y noche al lado de las familias de los mineros.

Esta experiencia le penetró más profundamente que cualquier otra. Por primera vez en la vida se sintió como "un pequeño burgués intelectual útil al pueblo". Aunque desde 1970 gozaba de la ciudadanía boliviana, fue consciente de que en toda su vida no había pasado nunca el hambre real que atormenta al pueblo a diario y a la fuerza: "Me ha ayudado a comprender mejor al pueblo hambriento. El hambre es una experiencia de violencia, que nos permite entender la osadía y la ira de un pueblo. Quien la experimenta por sí mismo, advierte mejor la urgencia de trabajar por la justicia en el mundo".

Cuando en diciembre de 1979 campesinos del altiplano, reclamando precios más justos, mejores condiciones de vida y educación y atención médica, bloquearon la carretera entre La Paz y Oruro, los medios de comunicación los acusaron de vulnerar los derechos humanos al retener en lugares apartados a familias con niños pequeños. Espinal aprovechó esta ocasión para llamar la atención sobre el abandono general de los derechos e intereses de la población rural.
 

Este proceso de solidaridad progresiva e identificación con el pueblo sencillo terminó contra su voluntad. En último término, no compartió tan sólo el destino de los más pobres, sino también el de cuantos son directamente eliminados. Detenido por elementos paramilitares y torturado, fue asesinado el 21 de marzo de 1980. De su libro “Religión” es una famosa cita que resume la exigencia ética que le costó la vida: "quien no tiene la valentía de hablar por los hombres, tampoco tiene el derecho de hablar de Dios".

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Su faceta cultural dejo un legado importante en la historia de la cinematografía boliviana.


"La noche es siempre más opaca para los que sufren. Todos los hombres son hermanos nuestros, y no podemos olvidarlos tanto hasta ni siquiera padecer por ellos". Luis Espinal "Oraciones a Quemarropa


"La experiencia del dolor y su recuerdo dulcifica nuestra postura ante los demás. Y en el mundo hay mucho dolor, aunque de ordinario sea vergonzoso, y se lo oculte...". Luis Espinal "Oraciones a Quemarropa

 


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