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Bolivia, Chile y Perú fueron actores de la Guerra del Pacífico, la cual marcó en sus historias un antes y un después. Algún autor hizo notar que tras este hecho ninguna de las tres sociedades obtuvo grandes transformaciones ni beneficios. Si hay ganadores, estos fueron solo los capitales ingleses.

Los historiadores alemanes llaman a este conflicto Salpeterkrieg (Guerra del Salitre) y la “historia oficial” la llama Guerra del Pacífico (1879 a 1883). El primero es un nombre adecuado. Veamos por qué.

Durante años el desierto de Atacama -al sur de Bolivia y al norte de Chile- fue despreciado por ambos países. Pero todo cambió al descubrirse que existían importantes yacimientos de salitre. Hubo dos tratados de límites antes de la guerra. El último, firmado por los presidentes Federico Errázuriz y Tomás Frías, en 1874 que ratificaba el paralelo 24 grados latitud sur como límite entre los dos países. Dicha guerra desangró a Bolivia, al Perú y a Chile. Ello para ocultar la verdadera causa de la conflagración: el salitre.

El Océano Pacífico tiene una superficie que abarca 180 millones de kilómetros cuadrados y baña tres continentes: América, Asia y Australia. Es la mayor masa marítima del planeta. La guerra que describimos se desarrolló sólo en un ínfimo rincón y hubo sólo  dos combates navales. Ambos duraron pocas horas y participaron seis naves; dos peruanas: el Huáscar y la Independencia; cuatro chilenas: la Esmeralda, la Covadonga, el Cochrane y el Blanco Encalada.

Para la década del 70 del siglo XIX, el gobierno boliviano se compromete a no aumentar durante 25 años las contribuciones que pagaban las industrias chilenas establecidas en su territorio. En Antofagasta, perteneciente a Bolivia, se instala la Compañía de Salitre de Antofagasta, de capitales chilenos que, el 1º de mayo de 1872, inicia las exportaciones del “oro blanco” a Europa. Más al norte, Perú pone en vigencia el 28 de marzo de 1875 una ley mediante la cual expropia las oficinas salitreras de Tarapacá, pagando a sus antiguos propietarios con certificados.

En 1879 el presidente boliviano Tomás Frías es derrocado por un golpe encabezado por el general Hilarión Daza. Este decretó un nuevo impuesto de 10 centavos por quintal de salitre exportado. La Compañía de Salitre de Antofagasta se niega a pagarlo.

El gobierno chileno sale “en defensa” de sus capitalistas nacionales. Rompe relaciones con Bolivia y el 14 de Febrero de 1879 soldados chilenos, al mando del coronel Emilio Sotomayor, ocupan Antofagasta. En marzo, Bolivia se alía con el Perú y se declara la guerra a Chile. Para el 5 de abril, Chile declara la guerra a los aliados. Hacia fines de 1879 Tarapacá queda en manos de las tropas chilenas..

""La invasión chilena del 14 de febrero de 1879 al puerto boliviano de Antofagasta es el hecho más espeluznante y descarado de la historia de América...El recuerdo de tan aciago atropello debe servir para reflexionar con dignidad acerca del más abominable y desgraciado acontecimiento que le cupo confrontar a Bolivia con tanta impunidad". (Rodolfo Becerra de la Roca)

Guerra secreta

Pero en la región se libraba otra guerra secreta. Sus protagonistas, dos ingleses que no usan fusiles ni cañones. Sus armas consisten en la especulación y la falta de escrúpulos. Uno es Robert Harvey, que había llegado a Tarapacá en 1874. Poco antes de la ocupación de esa provincia por los chilenos, el gobierno peruano lo había designado Inspector General de Salitreras. En 1880, es confirmado en ese cargo por el gobierno de Chile, otorgándole amplias atribuciones. Recibe sueldo de los dos países y a ambos entrega informes falsos.

El otro británico, John Thomas North, llega a Chile en 1866 con 10 libras esterlinas en los bolsillos. Trabaja como mecánico en la maestranza ferroviaria de Caldera. Después se traslada a Tarapacá, donde se asocia con su compatriota Harvey. Ellos aprovechan la caótica situación producida por la guerra y con triquiñuelas y engaños compran certificados que el gobierno peruano emitió al expropiar las oficinas salitreras, cuando se cotizaban, a un 11% de su valor nominal. Pueden hacer esas compras gracias a los generosos créditos que les otorgan los bancos chilenos Edwards y Valparaíso.

Aún no finalizaba la guerra cuando el gobierno chileno de Federico Santa María decreta, el 28 de marzo de 1882, la entrega de títulos de propiedad definitiva a quienes tuviesen certificados salitreros. Así son entregadas a particulares más de 80 oficinas. Otras 71 quedan -provisoriamente- en manos del Estado chileno.

Algunos tenedores de certificados, como John Thomas North, Robert Harvey, la Casa Gibbs y otros capitalistas ingleses, pasan a ser propietarios de las más importantes y ricas oficinas salitreras, controlando la industria del nitrato y transformando este territorio salitrero en una factoría británica.

John Thomas North se convierte en el “rey del salitre”, uno de los hombres más ricos del mundo. Dueño de numerosas oficinas salitreras, de los ferrocarriles y de una serie de otras empresas; monopoliza la distribución de agua potable y el comercio en la pampa, desde la harina y carbón hasta la carne y verduras. Funda el Bank of Tarapacá and London Ltda. Tiene a sus servicios abogados y parlamentarios liberales, conservadores y radicales de los tres países. Hace importantes inversiones en Inglaterra, Francia, Bélgica, Egipto, Australia y Brasil.

Apuntes sobre la influencia británica en la “Guerra del Salitre”
La guerra del Salitre (del Pacifico) fue planeada por Inglaterra, Chile recibió de ellos facilidades económicas muy cómodas para adquirir armamento de origen británico, los uniformes chilenos eran de tela inglesa y los soldados chilenos llevaban fusiles ingleses en sus hombros.

Intentos británicos por falsear la historia
El historiador británico V.G. Kiernan, profesor de la Universidad de Edimburgo publicó en la revista The Hispanic-American Historical Review en febrero de 1955 un estudió tratando de probar que es falsa la intervención inglesa, pero a pesar de evitar exhibir pruebas en sentido contrario, en su mismo estudio aparecen los siguientes hechos irrefutables:

  1. El judío-británico Sir Charles Rusell dirigente de los tenedores de bonos de la deuda peruana trató de impedir en plena guerra un empréstito al Perú para comprar armamento.
  2. Había considerables intereses británicos en la compañía chilena de Antofagasta, perjudicada por las drásticas medidas de Daza (Presidente de Bolivia) al iniciarse el conflicto.
  3. Un grupo comercial británico, uno de cuyos centros era la casa Gibbs, sostenía que una victoria de Chile podría ser beneficiosa; esta opinión ganó terreno cuando los triunfos chilenos se sucedieron sin cesar y el aumento del tráfico con Chile compensó las pérdidas del intercambio con el Perú.
  4. Las propuestas chilenas a los tenedores ingleses de bonos de la depreciada deuda peruana fueron “aclamadas” en una reunión en Londres el 2 de febrero de 1880 y recibieron el aplauso de periódicos como The Economist.

El 10 de julio de 1883 se libra en Huamachuco el último combate de una guerra en que mueren 23 mil soldados bolivianos, chilenos y peruanos. Chile queda con el territorio de dos provincias, Tarapacá y Antofagasta, pero el salitre, razón y motivo del conflicto, pasa en su mayor parte a manos de capitalistas británicos.

Muchos son los análisis y, por lo tanto, muchas las versiones. La historia estará escrita de acuerdo al cristal con que se mira. Tú tienes la última palabra, o por lo menos la capacidad de discernir y sacar conclusiones propias….

Fuentes y enlaces relacionados:

El libro del Mar

Estados Unidos y el mar boliviano     

La verdad oculta de la Guerra del Pacífico

Un químico alemán derrotó a los vencedores de la Guerra del Pacífico

Ocupación de Antofagasta (Versión chilena)

“¡Amarrarse rotos los calzones, que aquí entran los Colorados de Bolivia!.. “Aquellos Colorados.. –nos dice el periodista peruano Victor Mantilla-- eran los soldados fantasmas por cuyos cuerpos atravesaban las balas sin derribarlos; caían heridos pero para ponerse de pie… cruzaban como relámpagos ante los ojos de los soldados chilenos, cegándolos..”


John Thomas North, llega a Chile en 1866 con 10 libras esterlinas en los bolsillos. Trabaja como mecánico en la maestranza ferroviaria de Caldera. Después se traslada a Tarapacá, donde se asocia con su compatriota Harvey.


En Antofagasta, perteneciente a Bolivia, se instala la Compañía de Salitre de Antofagasta, de capitales chilenos que, el 1º de mayo de 1872, inicia las exportaciones del “oro blanco” a Europa.