Fue una memorable e histórica tarde de un 16 de julio de 1809 que un grupo de revolucionarios, puso a correr un alzamiento que tenía como meta la liberación de tierras paceñas del dominio colonial hispánico. Todo indica que este hecho histórico marcó el inicio de ideas de libertar para todo poblador americano.

 

El ceremonial religioso de la procesión de la Virgen del Cármen, iba a ser el pretexto para que los insurrectos al mando de Pedro Domingo Murillo, salieran de la casa de uno de Mariano Graneros y decisivamente asaltaran el cuartel realista con el propósito de apoderarse del armamento y así llevar adelante el acto primario de grito de libertad de los pobladores de nuestra América. Las campanas de la antigua Plaza de Armas repicaban, empezó un levantamiento al grito de: ¡Viva Fernando VII! ... ¡muera el mal gobierno!... ¡Mueran los chapetones!...Todos los insurrectos se agolparon frente al cabildo levantando armas.

El gobernador español Tadeo Dávila junto al obispo La Santa fueron removidos de sus altos cargos. La revolución ha sido consumada gracias a la intervención del pueblo y triunfa ante la oposición de los españoles. Un Cabildo Abierto se reúne y se designan nuevas autoridades y lo que primero hacen es suscribir actas de independencia y libertad, de esta declaración se encargan Gregorio García Lanza, Juan Bautista Sagarnaga y Basilio Catacora.

No solo los hombres jugaron papeles de relevancia para dar a conocer nuestros deseos de libertad y autonomía. Las mujeres sumaron y jugaron papeles de importancia en esta turbulenta historia: Simona Josefa Manzaneda, Manuela Campos, Manuela Uriarte de Sanjinés, Vicenta Eguino, entre otras paceñas valerosas.

El papel de la Junta Representativa y Tuitiva, la cual se formó en reemplazo de las autoridades realistas derrocadas, fue históricamente importante. Fue presidida por el mismo Murillo y en la proclama central se decía que “ya era tiempo de organizar un nuevo gobierno fundado en los intereses de nuestra patria”.

Las arengas de la Junta Tuitiva no sólo manifestaban posiciones de búsqueda de libertad, sino que marcaban planes de respeto y garantía de seguridad, propiedad y libertad de las personas. Entre los principales insurrectos está el cura José Antonio Medina el cual fue el encargado de redactar y avalar la seriedad y seguridad del documento que marcó el principal de deseo de independencia de estas tierras y sus pobladores.

España no iba a quedarse tranquila y sin tomar decisiones. Los levantamientos de Chuquisaca y La Paz tenían que ser reprimidos. Baltasar Hidalgo de Cisneros y de la Torre, en aquel tiempo Virrey de Buenos Aires, ordenó que se reprimiera dichas insurrecciones y a la de La Paz se encomendó al brigadier Manuel de Goyeneche que aplastara enérgicamente esta asonada.

Goyeneche al mando de cinco mil hombres bien pertrechados avanzo desde el Cusco hacia La Paz. Los revolucionarios no contaban con más de 800 hombres y de por sí mal armados. La resistencia de Chacaltaya fue inútil. El ejército realista entró en La Paz y emprendió una despiadada represión.

Detenidos los insurrectos fueron culpados de maquinar contra el gobierno legítimo y de conspirar en contra de la Corona española. El 29 de enero de 1810 fueron remitidos a la horca. Solo por el momento se habían disipado las ideas y sueños de libertad de los altoperuanos. Pero no todo iba a ser en vano. Las frases y las proclamas habían determinado la germinación de ideas de libertad para La Paz y toda América.

El 27 de julio de 1809, los revolucionarios de La Paz lanzan a los pueblos de América la proclama más enérgica emitida hasta entonces: “Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria: hemos visto con indiferencia por más de tres siglos sometida nuestra primitiva libertad al despotismo y tiranía de un usurpador injusto que degradándonos de la especie humana nos han mirado como a esclavos...


"...Ya es tiempo de organizar un sistema nuevo de gobierno... Ya es tiempo de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin el menor título y conservadas con la mayor injusticia y tiranía...”.

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El 29 de enero de 1810 fueron remitidos a la horca los revolucionarios de Julio de 1809. Solo por el momento se habían disipado las ideas y sueños de libertad de los altoperuanos. Pero no todo iba a ser en vano. Las frases y las proclamas habían determinado la germinación de ideas de libertad para La Paz y toda América.


El papel de la Junta Representativa y Tuitiva, la cual se formó en reemplazo de las autoridades realistas derrocadas, fue históricamente importante. Fue presidida por el mismo Murillo y en la proclama central se decía que “ya era tiempo de organizar un nuevo gobierno fundado en los intereses de nuestra patria”.


“Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria: hemos visto con indiferencia por más de tres siglos sometida nuestra primitiva libertad al despotismo y tiranía de un usurpador injusto que degradándonos de la especie humana nos han mirado como a esclavos...".


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