En 1994 la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), proclamó el 17 de Junio como día contra la Desertificación, con el fin de revertir el inadecuado uso de tecnología.

 

 

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El 19 de diciembre de 1994, la Asamblea General de la ONU proclamó el 17 de junio como el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía (Resolución 49/115). Se invitó a los Estados a que dedicaran el Día Mundial a sensibilizar la opinión pública respecto de la necesidad de cooperación internacional para luchar contra la desertificación y los efectos de la sequía y respecto de la aplicación de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación.

La desertificación es la degradación de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas resultante de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas.

La desertificación constituye una amenaza a la seguridad humana, porque despoja a las personas de su suelo, alimento, el agua, en fin, de sus medios de subsistencia, según la Convención de las Naciones Unidas para la Desertificación y la Sequía (UNCCD) cuya secretaría permanente se encuentra en Bonn, Alemania. Uno de los peligros más graves que corren las comunidades residentes en zonas áridas es la escasez de agua y la explotación excesiva de los recursos naturales. Según estimaciones de expertos, en el mundo existen unas 20 millones de personas desplazadas por problemas ambientales y se prevé que de aquí al 2050, esa cifra alcance los 200 millones.

La desertificación no es un problema aislado, sino que está plenamente relacionado con los cambios climáticos, la conservación de la biodiversidad y la necesidad del manejo sustentable de los recursos naturales. Los vínculos entre estos aspectos y los factores socioeconómicos son cruciales, pues la problemática de la desertificación es un síntoma de ruptura del equilibrio entre el sistema de recursos naturales y el sistema socio-económico que los explota.

Por tal motivo, la solución pasa tanto por la concientización como por dar prioridad a políticas sustentables.

Informes dan cuenta de que en Bolivia más de 1.314 especies de fauna y flora están siendo afectadas por la quema, chaqueos y sequía. Se estima que más de un tercio del territorio nacional está dañado por la sequía y la desertificación.
Según el reporte de La Liga de Defensa Contra el Medio Ambiente (Lidema), desde hace más de una década el número de especies amenazadas duplica la cifra acumulada en toda la historia del país.

 
 
 

 

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