El intelectual uruguayo no pasó por alto a Bolivia, sólo mostrando injusticias históricas vividas en el país, sino expresando su admiración por un nuevo Estado en un franco camino de restablecimiento de su dignidad.

 

No sólo visitó en varias ocasiones el país, sino que escribió bastante sobre él, dando cuenta del saqueo que sufrió por varias décadas y de su renovada ‘segunda fundación’.

Es muy difícil construir un retrato fiel de Latinoamérica, reflejando todos los matices que han hecho de la historia de la región un cúmulo de tragedias y vicisitudes, pero también de algunas glorias y renaceres.
 
Eduardo Galeano asumió este reto, y para esto usó como herramientas las palabras y la verdad, construyendo afiladas crónicas y testimonios sobre la realidad latinoamericana y sus contradicciones en pos de un futuro mejor.
 
Dentro de este marco, el intelectual uruguayo no pasó por  alto a Bolivia, sólo mostrando injusticias históricas vividas en el país, sino expresando su admiración por un nuevo Estado en un franco camino de restablecimiento de su dignidad.
 
Retribuciones
 
La afinidad del escritor con nuestro país se vio retribuida por sentidas muestras de pesar cuando falleció a causa de un cancer de pulmón, que lo aquejaba en los últimos años de su vida.
 
Fuente: ATB - Red Nacional
 
El comunicador y gestor cultural Juan Espinoza se manifestaba así cuando falleció este insigne latinoamericano: “Pérdida irreparable para la humanidad. Eduardo Galeano, uno de los pensadores y cronistas más lúcidos de nuestro tiempo en la construcción del nuevo mundo posible, parte dejándonos un maravilloso legado. ¡Buen viaje querido maestro!”.  El escritor Homero Carvalho se refirió a Galeano como la “representación del prototipo del intelectual comprometido: el que se decidía a luchar por un mundo mejor, una sociedad justa y un futuro con todas las personas con las mismas oportunidades”.
 
Recordó lo emblemática de la obra más conocida del uruguayo: Las venas abiertas de América Latina, a la que valoró como “emblema de su obra”. Indicó que Galeano se caracterizó por un constante apoyo a los movimientos sociales que a finales de la década de los 80 se matizó además con un giro hacia un  compromiso mayor con los pueblos originarios, demostrando  una clara preocupación por la  ecología y el futuro de estos pueblos. Carvalho recordó que tuvo la posibilidad de conocerlo, percibiendo a un hombre muy sencillo y sabio, que transmitía mucha paz y solidaridad.
 
El director de Teatro Albor, Willy Flores, destacó la capacidad del texto clave de Galeano (Las venas...) para mostrar la historia subterránea de Latinoamérica sin haber perdido valor a través del tiempo, mucho más en la senda de descolonización y de un proceso revolucionario que  no tiene retorno y que ahora vive el país. Recalcó la necesidad de  difundir esta senda a través de la difusión de su obra, cosa que Albor ha venido realizando en la  última década, con 756 presentaciones de la adaptación teatral de  Las venas...
 
El cantautor Luis Rico destacó sobre el escritor que éste “tenía la  mirada sobre América Latina con  ojos integradores, escribió la historia que no pudieron escribir los  vencidos”. Asimismo, indicó que  a través de Las venas... empleó su “palabra mágica” para llevarnos al interior de conmovedores eventos de nuestra historia.
 
Los motivos
 
¿A qué se debe el permanente homenaje hacia la figura  de Galeano? A que a través de su acción, de pensamiento, discurso y práctica, el escritor denunció constantemente la injusticia en América y ponderó y apoyó los hechos que acercaban más al continente hacia la soñada igualdad.
 
Una muestra de esta denuncia y reflexión la hace a través de numerosos textos, como en el que  se hace referencia al Cerro Rico, su riqueza y explotación: 
 
“Allá en la época colonial, la plata de Potosí fue, durante más de dos siglos, el principal alimento del desarrollo capitalista de Europa. Vale un Potosí, se decía, para elogiar lo que no tenía precio. 
 
A mediados del siglo dieciséis, la  ciudad más poblada, más cara y más derrochona del mundo brotó y creció al pie de la montaña que manaba plata. Esa montaña, el llamado Cerro Rico, tragaba indios. “Estaban los caminos cubiertos, que parecía que  se mudaba el reino”, escribió un rico  minero de Potosí: las comunidades se vaciaban de hombres, que de todas  partes marchaban, prisioneros, rumbo a la boca que conducía a los socavones. Afuera, temperaturas de hielo. Adentro, el infierno. De cada diez que  entraban, sólo tres salían vivos. Pero  los condenados a la mina, que poco  duraban, generaban la fortuna de los banqueros flamencos, genoveses y alemanes, acreedores de la corona española, y eran esos indios quienes hacían posible la acumulación de capitales que convirtió a Europa en lo  que Europa es.
 
¿Qué quedó en Bolivia, de todo eso? Una montaña hueca, una incontable cantidad de indios asesinados por extenuación y unos cuantos palacios habitados por fantasmas”.
 
Siguiendo la línea de los recursos naturales, Galeano también mostró la realidad detrás  del estaño:
 
“En el siglo veinte, Bolivia fue el principal abastecedor de estaño en el mercado internacional. 
 
Los envases de hojalata, que dieron fama a Andy Warlhol, provenían de las minas que producían estaño y  viudas. En la profundidad de los socavones, el implacable polvo de sílice  mataba por asfixia. Los obreros pudrían sus pulmones para que el mundo pudiera consumir estaño barato.
 
Durante la Segunda Guerra Mundial, Bolivia contribuyó a la causa aliada vendiendo su mineral a un precio diez veces más bajo que el bajo precio de siempre. Los salarios obreros se redujeron a la nada, hubo huelga, las ametralladoras escupieron fuego. Simón Patiño, dueño del negocio y amo del país, no tuvo que  pagar indemnizaciones porque la  matanza por metralla no es accidente de trabajo.
 
Por entonces, don Simón pagaba cincuenta dólares anuales de impuesto a la renta, pero pagaba mucho más al presidente  de la nación y  a todo su gabinete. 
 
Él había sido un muerto de hambre tocado por la varita mágica de  la diosa Fortuna. Sus nietas y nietos  ingresaron a la nobleza europea. Se casaron con condes, marqueses y parientes de reyes.
 
Cuando la revolución de 1952 destronó a Patiño y nacionalizó el estaño, era poco el mineral que quedaba. No más que los restos de medio siglo  de desaforada explotación al servicio  del mercado mundial”.
 
La Guerra del Chaco fue descrito por el uruguayo con cruel exactitud:
 
“Están en guerra Bolivia y el Paraguay. Los dos pueblos más pobres de América del Sur, los que no tienen mar, los más vencidos y despojados, se aniquilan mutuamente por un pedazo de mapa. Escondidas entre los pliegues de ambas banderas, la Standard Oil Company y la Royal Dutch Shell disputan el posible petróleo del Chaco.
 
Metidos en la guerra, paraguayos y bolivianos están obligados a  odiarse en nombre de una tierra que  no aman, que nadie ama: el Chaco es  un desierto gris, habitado por espinas y serpientes, sin un pájaro cantor  ni una huella de gente. Todo tiene sed en este mundo de espanto. Las mariposas se apiñan, desesperadas, sobre  las pocas gotas de agua. Los bolivianos vienen de la heladera al horno: han sido arrancados de las cumbres de los Andes y arrojados a estos calcinados matorrales. Aquí mueren de  bala, pero más mueren de sed.
 
Nubes de moscas y mosquitos persiguen a los soldados, que agachan la  cabeza y trotando embisten a través  de la maraña, a marchas forzadas,  contra las líneas enemigas. De un  lado y del otro, el pueblo descalzo es  la carne de cañón que paga los errores de los oficiales. Los esclavos del  patrón feudal y del cura rural mueren de uniforme, al servicio de la imperial angurria.
 
Habla uno de los soldados bolivianos que marcha hacia la muerte. No dice nada sobre la gloria, nada sobre la patria. Dice, resollando:
 
- Maldita sea la hora en que nací hombre.
 
Final
 
Al mediodía llega al frente la noticia. Callan los cañones. Se incorporan  los soldados, muy de a poco, y van emergiendo de las trincheras. Los haraposos fantasmas, ciegos de sol, caminan a los  tumbos por campos de nadie hasta que quedan frente a frente el regimiento Santa Cruz, de Bolivia, y el regimiento Toledo, del Paraguay: los restos, los jirones. Las órdenes recién recibidas prohíben hablar con quién era enemigo hasta hace un rato. Solo está permitida la  venia militar; y  así se saludan.
 
Pero alguien lanza el primer alarido y ya no hay quien pare la algarabía. Los soldados rompen la formación, arrojan las gorras y las armas al aire y corren en  tropel, los paraguayos hacia los bolivianos, los bolivianos hacia los paraguayos, bien abiertos los brazos, gritando, cantando, llorando, y abrazándose ruedan por la arena caliente”. 
 
Pero tras abrir las venas de Bolivia, Galeano empezó a vislumbrar una luz al final del túnel y la construcción real de un nuevo presente y futuro: 
 
“Hace más de cien años, el historiador Gabriel René Moreno descubrió que el pueblo boliviano era “celularmente incapaz”. Él había puesto en la  balanza el cerebro indígena y el cerebro mestizo, y había comprobado que pesaban entre cinco, siete y diez onzas menos que el cerebro de raza blanca. 
 
Ha pasado el tiempo, y el país que no existe sigue enfermo de racismo. Pero el país que quiere existir,  donde la mayoría indígena no tiene vergüenza de ser lo que es, no escupe al espejo.
 
Esa Bolivia, harta de vivir en función del progreso ajeno, es el país de verdad. Su historia, ignorada, abunda en derrotas y traiciones, pero  también en milagros de esos que son capaces de hacer los despreciados cuando dejan de despreciarse a  sí mismos y cuando dejan de pelearse entre ellos.
 
Hechos asombrosos, de mucho  brío, están ocurriendo, sin ir más lejos, en estos tiempos que corren”.
 
Valioso apoyo a la demanda maritima boliviana
 
Una de las últimas actividades públicas de Eduardo Galeano en las que participó fue un acto en reclamo por una salida al mar para Bolivia, hecho por demás simbólico y trascendental acaecido en la última visita del Presidente a Uruguay, cuando la autoridad boliviana le obsequió un ejemplar de El libro del mar y el escritor, tras ver la tapa, sugirió inmediatamente que el documento debería llamarse El libro del mar robado. 
 
Durante esta visita, Galeano no dudó en destacar que Bolivia es un ejemplo de dignidad  para Latinoamérica, también valoró los cambios que vive el país resultado del liderazgo del primer presidente indígena en la región. Asimismo, reconoció en el presidente Morales al más entrañable símbolo de la identidad latinoamericana, mediante una nota que le entregó a Morales: “Evo: querido nuestro te damos un abrazo de bienvenida a esta tierra que es también tu tierra y que tuya seguirá siendo. Los uruguayos reconocemos en vos al más entrañable símbolo de identidad latinoamericana en sus raíces más profundas y en su fecunda diversidad. Las palabras sobran este abrazo lo dice todo, agradecemos tu querida presencia, has venido para quedarte en nosotros”.
 
El hecho de que Galeano aborde el tema del mar boliviano no fue un hecho novedoso. Un texto del uruguayo de 2003 manifestaba: “En el siglo diecinueve, cuando Bolivia fue derrotada en la llamada Guerra del Pacífico, no sólo perdió su salida al mar y quedó acorralada en el corazón de América del Sur. También perdió su salitre. La historia oficial, que es historia militar, cuenta que Chile ganó esa guerra; pero la historia real  comprueba que el vencedor fue el empresario británico John Thomas North. Sin disparar un tiro ni gastar un penique, North conquistó territorios que habían sido de Bolivia y de Perú y se convirtió en el rey del salitre, que era por entonces el fertilizante imprescindible para alimentar las cansadas tierras de Europa”.
 
Fuente: REDACCIÓN CENTRAL / CAMBIO
 

Bellísimo mensaje de Eduardo Galeano en la Televisión de Cataluña

 

"Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: "Cierren los ojos y recen". Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia". Eduardo Galeano


Galeano remarcó la importancia de un hecho por demás simbólico y trascendental acaecido en la última visita del Presidente Morales a Uruguay, cuando la autoridad boliviana le obsequió un ejemplar de "El libro del mar" y el escritor, tras  ver la tapa, sugirió inmediatamente que el documento debería  llamarse "El libro del mar robado". “Incluyendo una palabra dijo  todo sobre el tema del mar para  Bolivia”, sostuvo el mandatario.


"El miedo nos gobierna. Esa es una de las herramientas de las que se valen los poderosos, la otra es la ignorancia". Eduardo Galeano


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