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Detalles: Categoría: Práctica docente | Publicado el 09 Noviembre 2017 | Visitas: 4780

Este 10 de noviembre, Bolivia en general, rinde homenaje a los 207 años  de la gesta libertaria de Potosí, un movimiento histórico que comenzó en 1809 en Sucre y La Paz. En esa fecha, Potosí y sus habitantes se levantaron en armas, este hecho procupó en alto grado a la Corona española por que en un Cabildo  se decidió por el desconocimiento a la principal autoridad española representada en el ejército realista.

 

Potosí conmemora el Grito Libertario del 10 de noviembre de 1810, cuando los patriotas, encabezados por Manuel Molina, los hermanos Nogales, Salvador José Matos, Melchor Daza, Mariano Subieta y los hermanos Millares se levantaron en armas contra la Corona española. Este movimiento de rechazo al colonialismo español fue muy importante ya que consolidó la libertad de la vecina Argentina en particular.
 
Potosi y su gesta libertaria está dentro de las acciones que marcaron la continuidad de las revoluciones de 1809 las cuales se dieron en Chuquisaca y La Paz. Los potosinos dieron un aporte extraordinario encaminando con más fuerza la consumación de nuestra independencia en 1825. 
 
Días atrás, el 7 de noviembre de 1810, en la Batalla de Suipacha en Tupiza las tropas de Juan Castelli, comandadas por Martín Miguel de Güemes lograron salir victoriosos en una de las batallas que definieron la libertad sudamericana del yugo español. 
 
Lo que faltaba, el reto final, era tomar la ciudad de Potosí y es así que el 10 de noviembre de 1810 se dio uno de los actos revolucionarios más significativos en contra de las ideas de continuidad del dominio hispánico. Se instaló un cabildo tomando como su más importante resolución el desconocimiento a las autoridades españolas que gobernaban la Potosí colonial.
 
Con lo que no contaron fue con la reacción y la contraofensiva española que siguió dominando tierras potosinas por 15 años más. Luego del levantamiento potosino los promotores fueron perseguidos implacablemente, en especial los hermanos Nogales y Millares.
 
Este es un homenaje, no solo a la memoria de los revolucionarios potosinos de 1810, sino al potosino de hoy y a las tierras abrazadas por el Cerro Rico. Cada 10 de noviembre, desde 1810 se va recordando y celebrando a Potosí de manera muy merecida.
 

Nombrada Villa Imperial hacia 1547 por el rey Carlos V mediante una Cédula Real. La leyenda de su escudo remarca: “Soy el rico Potosí. Del mundo soy el tesoro. Soy el rey de los montes. Envidia soy de los reyes”. Cervantes la inmortalizo en su celebre obra "El Quijote de la Mancha" con el famosa frase: ¡Vale un Potosí! 

Potosí y sus incomparables riquezas: geográficas, históricas y culturales

En el gélido y árido altiplano se levanta vestida con sus colores imponentes el magnífico Cerro Rico de Potosí, alucinante tesoro para todos los hombres. Años antes de la llegada de los españoles el Inca Huayna Cápac en su tarea de expansión y defensa del territorio originario emprende una travesía asombrado por los paisajes desolados de la región altiplánica de nuestro actual territorio, que encuentra descanso en las aguas termales de Tarapaya. Se considera a esta región como una curiosidad geográfica por su perfecta forma de sortija la que le concede el nombre de “el ojo del Inca”.

El undécimo gobernante Inca asombrado en cada paso por su travesía y deslumbrado por lo imponente de esa montaña en especial la llama Sumaj Orcko que en lengua quechua significa “cerro precioso”. Desde tiempos ancestrales se asentaron poblaciones precolombinas para la extracción de los preciados minerales que servían para la adoración y la consagración de los dioses, sagrados “huacas”.
 
El cronista Martinez y Vela afirma que al narrar al Inca que existía una montaña que al entrar a explotar su riqueza ésta tronaba le dijeron Potocsi que quiere decir en lengua originaria “un gran estruendo”. Pasaron los años y  la caída del Imperio trajo a los españoles que quedaron estupefactos ante la colosal fortuna. 
 
El año 1545 un indígena que respondía al nombre de Huallpa fue quien redescubrió tras una fría noche de enero una veta de donde emanaba el metal preciado. Potosí, la ciudad, se empieza a forjar bajo la sumisión de los indígenas y las ambiciones de riqueza y poder del colonizador.

El gen principal de la existencia de Bolivia se da con el Cerro Rico de Potosí, por la economía que generó directamente y el prestigio político y la capacidad de resistencia militar, a través de Charcas y las republiquetas.

Para esos años Potosí se convertía en una ciudad cosmopolita donde vivían alrededor de 160 mil habitantes y se erguía como la ciudad más poblada sobrepasando a Londres, Paris y Madrid. Se conoce como el 1ro de abril de 1545 como el día del prematuro nacimiento de la ciudad. Bajo un análisis urbanístico se formaron singulares y estrechas callejuelas que recorren las venas y arterias de una ciudad colonial nombrada Villa Imperial hacia 1547 por el rey Carlos V mediante una Cédula Real. La leyenda de su escudo remarca: “Soy el rico Potosí. Del mundo soy el tesoro. Soy el rey de los montes. Envidia soy de los reyes”.

Empiezan las construcciones de las grandes obras hidráulicas para la explotación de la minería. La ciudad crecía en forma incontenible, ya Cervantes pronunciaba su frase: ¡Vale un Potosí! Sus calles vestían de plata, nunca antes en la historia de la humanidad una ciudad se jactaba de ser la más rica del mundo. 
 
La minería trajo consigo la especialización de las formas de obtener cada vez un metal más puro. Emergía la Real Casa de la Moneda, los chillidos del yunque y del martillo se hicieron coro. Tras la visita del Virrey Toledo en 1572 se iniciaba una gran empresa destinada a la fabricación de monedas de plata. Las macuquinas, primeras y rusticas monedas son las que circularían por todo el hemisferio.
 
En 1753 se pone en marcha en la antigua plaza del mercado o Qhatu de Quillacas la nueva Real Casa de la Moneda que vendría a suplantar y a mejorar todos los procesos hasta la acuñación de la moneda. Con cinco patios y alrededor de 200 ambientes sobre 5570 metros cuadrados y adornada por la imperiosa arquitectura barroca nace la segunda Casa de la Moneda con la mayor tecnología de la época para la acuñación de monedas.
 
La Casa de la Moneda, primera en el continente donde sus métodos rudimentarios de acuñación perduraron por cerca de 212 años y en el que dieron su vida miles de nativos y obreros venidos de los tres continentes del mundo. 
 
El sincretismo religioso instituyó una forma de convivencia recíproca entre los indígenas, criollos y mestizos, de tal manera que la religión incursionó en la sociedad potosina con un abanico de posibilidades de elección de culto y religión. Las Monjas de la Santísima Caridad, la Compañía de Jesús, los Franciscanos y Órdenes de todo tipo se instauraron en la ciudad ofreciendo así un legado colonial y cultural y religioso que perdura hasta hoy. 
 
En tal escenario todas las artes se establecerían en la sociedad potosina. La poesía, la escultura, el teatro y la pintura dejarían grandes maestros que hoy en día siguen maravillando por su ingenio a los estudiosos. 
 
Bernardo Rojas de Luna, Salvador de Villa y Manuel de Sanahuja en arquitectura; Francisco Tito Yupanqui, Gaspar de la Cueva, Martín de Oviedo en escultura; Francisco Herrera y Velarde, Melchor Perez de Holguin  en pintura; Juan Huallparrimachi, Juan Sobrino en poesía. 
 
En el arte potosino de la época se desarrollaron 4 estilos: el renacentista, el barroco, el mestizo y el neo clásico.  Siendo el barroco mestizo uno de los grandes exponentes por sus obras labradas en piedras que embelesan una ciudad eternizada por hábiles manos indígenas.
 
Las precisas manos de orfebres y artesanos supieron diseñar magnificas obras en plata con diversas técnicas de repujado y filigrana entre otras. Se establecen en eterna admiración obras maestras que hoy en día se pueden apreciar en el museo de la Casa Nacional de la Moneda.
 
En las calles empedradas de antiguos barrios de Potosí alzan la voz campanas de plata que el viento levanta de incontables templos e iglesias, el tañer de las campanas forman ecos de historia  transportando su sonido al mundo entero. 
 
Una sinfonía de sabores se cocinan y son el resultado de la tradición familiar que deleitan los paladares del habitante y el visitante con una alquimia de exquisitos aromas y perfectas texturas. Estos deleites de la gastronomía potosina son el inicio de un viaje, una travesía por los ritos y aromas de la tierra. 
 
Kalapurqha, en su pétreo origen de raíz volcánica se encuentra el sabor de generaciones, las piedras calentadas al rojo vivo son depositadas dentro del plato de barro entregado a los comensales quienes se sorprenden tras la explosión del sabor que la hacen patrimonio gastronómico de los inconfundibles sabores potosinos.
 
Si de caracterización podemos hablar en Potosí los picantes no pueden faltar, ingeridos gustosamente como antídoto contra el frio: picante mixto, ají de carne, viscacha, ch’ajchu, ají de habas y otros ricos sabores. Platos que conservan la esencia y mística de la particularidad del clima y su región.
 
En una ciudad llena de tradiciones y costumbres no puede llegar a faltar la exquisita repostería, dulces, saladas o picantes. Deliciosas y accesibles se encuentran a disposición de todos los visitantes: salteñas, humintas, tawa tawas, sopaipillas, confites, chambergos y más. 
 
Hay mucho más que hablar de Potosí, podríamos mencionar el ritual originario y cultural del Thinku de Macha. Resaltaríamos las melodías de los charangos, de su artesanal elaboración y su magistral entonación: el charango es Potosí. Invitaríamos a maravillarnos y visitar el Tunupa en la Reserva y Parque Eduardo Avaroa, el desierto de Karapampa y los Geisers. No dejaríamos de hablar y destacar que el Salar de Uyuni, las Lagunas Colorada y Verde son de Bolivia y están en Potosí. Son las reservas geográficas llenas de fauna y flora que maravillan al mundo y nos enorgullecerán por siempre. 
 
Con un clima más amigable nos espera y nos abraza Tupiza, la joya bella de Bolivia. La que en sus alrededores se levantan desfiladeros y formaciones rocosas que abren puertas a imponentes ríos, quebradas y cañones. 
 
La memoria de la tierra y las huellas del pasado se encuentran en Toro Toro, el parque nacional y reserva natural alberga construcciones geológicas que asombran a sus visitantes, donde la fauna y la flora emergen para conformar un paraíso. No deben olvidarse visitar las alucinantes Cuevas de Humajalanta, una invitación de la tierra a conocer sus secretos mejor guardados y no deben perderse y visitar Pampa Aullagas, considerada como la Atlántida perdida en los Andes.
 
Los siglos pasan, los tiempos cambian pero las raíces continúan con un fulgor plateado que delata el antiguo linaje. Tradición, devoción, compromiso y trascendencia. Una historia que todos los días se empieza a contar…por lo escrito hoy y siempre en favor de las tierras del Sumaj Orcko podemos decir: ¡Soy Potosí orgullo de Bolivia! 
 
Potosí en imágenes....
 
                    
 
Cerro Rico de Potosí                                                      Las macuquinas                                                              La Casa de la Moneda
 
                    
 
Iglesias de Potosí                                                            Kalapurqha                                                                       Chajchu
 
                    
 
Tawa tawas                                                                       Thinku de Macha                                                             Parque Bacional Eduardo Avaroa
 
                    
 
Salar de Uyuni                                                                 Tupiza                                                                                  Parque Nacional de Toro Toro
 
                    
 
Laguna de Tarapaya                                                       Cuevas de Umajalanta                                                  Pampa Aullagas