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Artículo que hace referencia a este género cinematográfico que se alimenta de la realidad social y se constituye en un medio de crítica y denuncia; también incluye una breve historia del desarrollo e influencia de este género en nuestro país.

 

Se entiende por cine social a un género cinematográfico que se construye en base a la realidad social por lo tanto, tiene como componentes básicos el realismo, la denuncia de problemáticas sociales y es contrario a la lógica mercantil.
 
Los realizadores que se enmarcan en este género, utilizan la tecnología cinematográfica  como un medio de crítica y denuncia ante las injusticias que se plantean en la realidad social, ven en ella una herramienta de comunicación e intervención, piensan al mismo como un medio y no como un fin en sí mismo. Su objetivo es sensibilizar acerca de las problemáticas sociales a través del cine, considerando que el cine  es una de las herramientas más efectivas para generar conciencia social y colectiva que sea transformadora en términos de reivindicación. 
 
Las obras que agrupa este género son aquellas que pretenden la intervención y transformación social, donde se incluye tanto a películas documentales como a obras de ficción. En todos los casos, se trata de obras cinematográficas que se alimentan de la realidad para incidir críticamente en ella.
 
El profesor español Raúl San Julián considera que son cinco las características que debe diferenciar al CINE SOCIAL: 
Bebe de la Realidad (partiendo de análisis, historias y/o acontecimientos que se dan en la misma) y por lo tanto está al servicio de ella, no de fantasías personales o de intereses empresariales. 
 
Se compromete y se posiciona con los Oprimidos, siempre en busca de la justicia, rescatando siempre a la humanidad y al ser humano como Ser infinito. No puede ser neutral, por lo tanto no se ata con el poder, con partidos políticos, ideologías, ni está al servicio de las modas del mercado. Es humanista en sentido profundo, lo cual le conlleva enfrentarse al status quo, defendiendo como algo sagrado la vida, la libertad, la responsabilidad y la dignidad de todo ser humano. 
 
Utiliza el lenguaje simbólico como forma trascendente y universal de cultura. No es retórico sino poético. No es un cine para intelectuales, sino que tiene una vocación popular. 
 
Busca la reflexión y la acción del público. Persigue provocar (“llamar a la vocación”) a la sociedad. Entendemos que la única vocación natural del ser humano es la vocación solidaria. 
 
El artista no separa vida y trabajo, asumiendo las consecuencias de sus actos. El posicionamiento que hay en sus obras se refleja en una vida dedicada a su causa.
 
En lo que concierne al cine producido en nuestro país, desde sus comienzos, nunca se produjo a gran escala como para llamarlo “industria” y siempre se ha caracterizado por ser reflejo de la sociedad. Haciendo un repaso histórico, el cine llegó a finales del siglo XIX, con pequeñas proyecciones en la ciudad de La Paz, posteriormente en el siglo XX se dieron las primeras filmaciones, según el Consejo Nacional de Cine, “Retrato de personajes históricos y de la actualidad” es la primera realización boliviana.
 
El cine boliviano en sus inicios, según Carmen Toyama Oshiro, es “Indigenista”, a decir de Jorge Sanjinés, los cineastas que empezaron a hacer cine en nuestra país determinaron que deberían de dirigirse a la mayoría, coincidentemente aquella mayoría  estaba compuesta por una población indígena originaria.
 
Con la Revolución Nacional de 1952, se da un cambio trascendental en las estructuras sociales del país, que repercutió en una mayor producción audiovisual por plasmar el nuevo imaginario nacional en las pantallas.
 
A decir de muchos críticos, los principales representantes del cine social en Bolivia son Jorge  Ruiz, Jorge Sanjinés y Antonio Eguino.
 
Es precisamente que a la cabeza de Ruiz, el más importante documentalista boliviano y Sanjinés, los objetivos del proceso comienzan a hacerse realidad, destacándose el último director citado por cintas como los cortometrajes Sueños y realidades (1961), Revolución (1962) y Aysa! (1965) y los largometrajes Ukamau (1966), Yawar mallku (1969), Viaje a la Independencia por el camino de la muerte (1970), El coraje del pueblo (1971), El enemigo principal (1974), Fuera de aquí (1977),  Banderas del amanecer (1983), La nación clandestina (1989), Para recibir el canto de los pájaros (1995), Los hijos del último jardín (2004) e Insurgentes (2012). La película Yawar mallku ha sido seleccionada por la Unesco como una de las mejores 100 películas de la historia del cine mundial.
 
Sin duda, los filmes mencionados rompen esquemas por su alto contenido socio político, por lo tanto, se constituyen en importantes aportes para la consolidación de la teoría y práctica del cine social y revolucionario en nuestro país.
 
Como se puede ver el trabajo realizado por Ukamau a la cabeza de Sanjinés, fue  construir una cinematografía con la miranda volcada a los sectores marginados de la sociedad boliviana, particularmente indígena originaria campesina; se caracteriza por ser un cine político, social que indiscutiblemente fue un aporte importante al proceso de liberación del pueblo boliviano, además de constituirse en un legado para las futuras generaciones.
 
Precisamente, en una entrevista  en la que Sanjinés  ensaya una evaluación de décadas de trabajo, se le hace una pregunta acerca de cuál es la contribución del Grupo “UKAMAU”, particularmente para la juventud,  el cineasta señala textualmente lo siguiente:
 
“Bien, nosotros hemos pensado nuestras películas principalmente en gente joven, porque vivimos en una sociedad que se niega a sí misma, en una sociedad que esconde su propia historia, que enseña las mentiras oficiales. Un estudiante de secundaria conoce más de la Revolución Francesa que del levantamiento de Tupak Katari, así. Es una sociedad que se miente a sí misma. Por lo tanto, un cine que devuelve verdades históricas nos parece importante para la gente joven, no solamente porque ahí pueden encontrar referencias confiables, históricas, sino también porque es un cine que hace un llamado a respetar y a atender a esa otredad con la que convivimos, que son los indios quechuas, aymaras, tupí guranies, etc. Nosotros hemos trabajado con los quechuas y aymaras porque es lo que conocemos mejor. Pero ese inacabado que tenemos es parte de ese desentendimiento, de esa segregación, de esa exclusión que se ha hecho de parte importantísima de la sociedad boliviana, del mayor parte de la población del país. La gente joven debe aprender a mirar a la otredad, a los otros bolivianos, a las otras culturas con respeto y admiración, y lo que ha sido parte de nuestro trabajo: mostrar el valor de esas culturas, que no solamente son esos indios que viven en esas chozas de mala muerte, sino gente que tiene nociones propias, que tienen mucho que ofrecer al país, y el resto de notros tenemos mucho que aprender de esas culturas para poder construir una nación orgánica. Ese es el llamado de nuestras películas a la gente joven, decirles: –miren a esos otros bolivianos que son tan importantes o más importantes que ustedes mismos!!, porque tienen una cultura propia. También la coherencia ética, para que la gente joven valore la actitud ética en la vida.”

 

Video relacionado: La historia del cine en Bolivia

A decir de muchos críticos, los principales representantes del cine social en Bolivia son Jorge  Ruiz, Jorge Sanjinés y Antonio Eguino.


El Cine Social se compromete y se posiciona con los oprimidos, siempre en busca de la justicia, rescatando siempre a la humanidad y al ser humano como ser infinito.


La película Yawar mallku ha sido seleccionada por la Unesco como una de las mejores 100 películas de la historia del cine mundial.

 

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