Considerada la primera heroína de la República nació en La Paz el 3 de abril de 1785; a la muerte de sus padres, fue criada por su hermano Pedro Eguino, quien la formó en los ideales y sentimientos de libertad.

 

 

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La heroína paceña Vicenta Juariste, considerada la primera heroína de la nueva República, heredó una cuantiosa fortuna, que puso al servicio de la causa emancipadora; contrajo matrimonio el 5 de agosto de 1799 cuando apenas contaba con 14 años, con el español oriundo de Mérida, Rodrigo Flores Picon, ayudante Mayor de Plaza, quien además compartía los ideales de libertad de su esposa.

Juariste Eguino, instaló en su propio domicilio una fábrica de armas para que fueran empleadas en la Revolución de La Paz del 16 de julio de 1809; vistió, equipó y gratificó económicamente a los soldados del batallón comandado por su hermano que, como parte integrante del ejército independiente de Castelli, venció en la Batalla de Suipacha.

Su casa fue el centro de varias reuniones clandestinas de los patriotas. Poseía una elocuencia admirable, arengaba a la tropa animándola a luchar y sacrificar la vida por la libertad y la emancipación de América.

En una ocasión, cuando los indios de Sapahaqui se dirigían a Caracato a degollar a las familias españolas que se habían refugiado en ese lugar durante el estallido de la revolución paceña, doña Vicenta se dirigió a caballo a dar encuentro a los indios y hablándoles en su idioma los convenció de deponer esa actitud, logrando que volvieran a su Cantón donde los dotó de recursos y víveres.

Esta oportuna intervención, la hizo acreedora de la gratitud de la población española de La Paz, cuyos jefes abogaron por ella en dos ocasiones: una, cuando fue condenada a seis años de presidio después de haber sido sofocada la revolución de La Paz por Goyeneche, logrando que la pena fuera conmutada por el Gobernador Juan Ramírez, previa exigencia de una cuantiosa suma de dinero en efectivo y de vestimenta para el batallón de la reina; y la segunda, cuando en 1816, después de ser denunciada y perseguida por la tropa de Ricafort, fue recluida en un calabozo y posteriormente condenada a muerte.

La intervención de varios jefes realistas logró que la pena de muerte fuera conmutada por una elevada sanción pecuniaria y el destierro perpetuo a Cuzco. Sin embargo, cuando se dirigía al destierro, fue logrado el indulto y la restitución de los bienes que le habían embargado.

Cuando en 1823, el entonces Gral. Andrés de Santa Cruz, llegó al Alto Perú, procedente de Lima, doña Vicenta acudió a su encuentro en Laja, acompañada de sus hijos José y Félix y varios de sus colonos para ofrecerlos “para que tomen las armas en defensa de la independencia de América”.

Después de concluida la guerra de la independencia hispanoamericana, el 18 de agosto de 1825, llegó a la ciudad el Libertador Simón Bolívar quien fue apoteósicamente recibido por la población en un acto celebrado en el ingreso de la ciudad donde doña Vicenta Juariste Eguino pronunció un sentido discurso de gratitud al Libertador y le entregó las llaves de la ciudad.

En los años siguientes, esta heroica mujer se retiró a la paz de su hogar hasta el 14 de marzo de 1857, fecha en que falleció, recibiendo solemnes honras fúnebres por el gobierno del General Jorge Córdova y de toda la población civil, militar y eclesiástica.

 


 
 
 

 

 

 


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